Cómo leer la etiqueta de una barrita (sin que te engañen)

La parte de delante de un envase es publicidad; la de detrás es la verdad. Si quieres saber qué estás comiendo de verdad, dale la vuelta a la barrita y lee la lista de ingredientes y la información nutricional. Con dos o tres reglas sencillas dejarás de tragarte medio marketing del pasillo.
Truco 1: el orden de los ingredientes
El orden de los ingredientes no es casual: se listan de mayor a menor cantidad, así que si lo primero que aparece es un jarabe, un azúcar o un aceite refinado, ya sabes de qué está hecho el grueso del producto por mucho que la parte delantera grite proteína. Fíjate también en la longitud de la lista: cuanto más corta y reconocible, mejor suele ser la señal.
Truco 2: cuidado con los polioles
El maltitol y otros edulcorantes de este tipo permiten poner en grande un llamativo sin azúcar, pero aportan calorías, pueden sentar mal al estómago y son un clásico para maquillar un producto que, por lo demás, es puro relleno. El sello sin azúcares añadidos también es tramposo cuando el producto lleva jarabes o concentrados que, en la práctica, endulzan igual.
Truco 3: proteína real frente a relleno
Un número alto de proteína no significa nada si viene acompañado de una lista interminable de aditivos, fibras sintéticas y aromas para tapar el sabor. Comprueba de dónde sale esa proteína y qué la acompaña, porque ahí está la diferencia entre comida y un producto de laboratorio con buena portada.
Cómo lo hacemos en AnyBug
En AnyBug hacemos justo lo contrario de esconder. La etiqueta de CRUSH es corta y reconocible: dátiles, cacao, fibra vegetal de achicoria, proteína de arroz, proteína de guisante, harina de grillo, aceite de oliva virgen extra y concentrado de zumo de uva. Sin edulcorantes artificiales y sin azúcares añadidos, porque el dulzor viene de la fruta.
Aprender a leer etiquetas es la mejor defensa que tienes como consumidor, y lo mejor es que no cuesta nada. La próxima vez que dudes entre dos barritas, ignora el eslogan de delante, gírala y deja que la lista de ingredientes hable. Si es corta, clara y entiendes lo que pone, vas por buen camino.